Académica investigadora Psicología de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
Presidenta Fundación GeroActivismo
El anuncio del regreso de Myriam Hernández al Festival de Viña del Mar 2025, tras 18 años de ausencia, no solo celebra la carrera de una de las voces más icónicas de la música latina, sino que también desafía un paradigma arraigado en la industria del entretenimiento: la invisibilización de las mujeres mayores. A sus 57 años, Myriam vuelve al escenario más importante de Chile con un estatus incuestionable de artista consagrada, demostrando que la madurez no es sinónimo de obsolescencia, sino de vigencia, evolución y excelencia.
El caso de Myriam Hernández es particularmente simbólico dentro de un contexto donde el viejismo y el sexismo operan de manera implacable. En la música popular, los hombres pueden envejecer sin que esto impacte negativamente su carrera; en cambio, las mujeres enfrentan un escrutinio constante sobre su apariencia, su relevancia y su capacidad para conectar con nuevas generaciones. Lo que se espera de ellas no es solo talento, sino juventud eterna.
Desde una mirada gerofeminista, el retorno de Myriam Hernández es una reivindicación de la presencia y la autoridad artística de las mujeres mayores en espacios de alta exposición mediática. En una industria que rara vez ofrece segundas oportunidades a mujeres que han superado cierta edad, su regreso no solo es un acto de nostalgia, sino un recordatorio de que las artistas no “caducan”.
Su permanencia en el imaginario colectivo, su capacidad de llenar teatros y ahora volver al Festival de Viña después de casi dos décadas, desafía la lógica de una industria que, en muchos casos, descarta a las mujeres tras la juventud. Su éxito no es un “milagro”, sino el resultado de una carrera sólida y de una audiencia que sigue viéndose reflejada en sus canciones de amor y desamor, esas que han trascendido generaciones.
La presencia de Myriam Hernández en la parrilla 2025 podría marcar un punto de inflexión: ¿será este un paso hacia la inclusión de más mujeres artistas en edad madura, o seguirá siendo la excepción a la regla? La celebración de su regreso no debería ser solo un homenaje a su trayectoria, sino un cuestionamiento sobre cuántas otras mujeres talentosas han sido desplazadas por prejuicios viejistas. Porque el problema nunca ha sido la falta de talento, sino la falta de espacios.
El retorno de Myriam Hernández a Viña 2025 es un triunfo no solo para ella, sino para todas las mujeres que desafían las imposiciones de una industria que aún asocia el éxito con la juventud. En un país donde las mujeres mayores siguen luchando por ser vistas y valoradas en todos los ámbitos, su presencia en el escenario más importante de Chile es un recordatorio de que la madurez no es el final, sino el inicio de una nueva etapa de reconocimiento y poder.
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